La vida en el grupo de viviendas de El Pardo de Santayana ( A Coruña)
«Aquí todo el mundo conoce a todo el mundo» comenta Enrique Fernández, presidente de la asociación de vecinos de Labañou. Se refiere al grupo de viviendas del Pardo de Santayana, la población que popularmente se conoce como Corea. «Afortunadamente el calor humano no se perdió y no tenemos ese aislamiento de los grandes bloques. Aquí sabes cuando el vecino está enfermo, tiene que ir al médico, si necesita cualquier cosa... y la gente está contenta con eso».
Lo primero que salta a la vista en este núcleo poblacional son sus casas alineadas de una única planta. Fernández las describe con una sonrisa en los labios: «No son muy grandes, pero casi todas tienen jardín y eso les da una gran superficie. La verdad es que esto es una perita en dulce para cualquiera. Si estuviera saneado, sería un sitio muy bonito porque es todo tranquilidad».
Pero la sombra de Los Rosales es alargada. No sólo la que proyectan sus torres, sino la idea de que llegue el día en que este núcleo desaparezca para dar paso a una urbanización. «Hubo hace años un proyecto de construcción en Las Percebeiras, pero se quedó en nada», precisa. «Ahora mismo no hay nada, que sepamos, pero eso no quiere decir que en un momento dado lleguen los tiburones inmobiliarios y hagan lo de siempre: ofrecer 30 por lo que vale 300 y amedrentar a la gente».
No todos los vecinos ven con malos ojos la futurible mutación del barrio. En Alimentación Celso, a falta de un bar todo un punto de encuentro de los vecinos, su propietario, Celso Otero, ve en la reforma una oportunidad: «Llevo aquí desde el 52 y, a nivel de negocio, me vendría ideal, pero la gente que está aquí piensa diferente porque están realmente bien. Este modo de vida tan sosegado es ideal». Para obtener alguna queja hay que acudir a la parroquia. «Los jóvenes tararí que te vi, siempre pasan de todo que para eso son jóvenes» dice con sorna una vecina. Otra opina de las infraestructuras: «El barrio está mal cuidado, las calles están deshechas y don José lleva cuatro meses llamando al Ayuntamiento porque hay huecos en los que pueden caer los mayores».
Don José es el párroco y sus feligresas están preocupadas respecto altema del alcantarillado. «Sí, apesta y estamos cansados de decírselo al Ayuntamiento. Nos mandaron a un ingeniero, pero seguimos esperando. Si no saben ellos, cómo vamos a resolverlo nosotros».
